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La Comunidad de Lepanto es el vivo ejemplo de las nocivas consecuencias de la pesca de arrastre

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OneBlog, Fundación OneSea, Costa Rica

En las costas de Costa Rica, históricamente el mar ha sido el sustento de muchas familias. Tal es el caso del distrito de Lepanto de Puntarenas, ubicado en el Golfo de Nicoya, donde desde siglos atrás, la relación con los recursos marinos se convirtió en un modo de vida dentro del territorio.

Pero este modo de vida y prácticas están siendo desplazadas por limitantes en el desarrollo humano y oportunidades en el distrito. Como resultado la actividad productiva que sustenta a la mayoría de personas del distrito, es la agricultura industrial, a raíz de la escasez de ofertas de trabajo. Esta es una de las opciones más rentables, aparte de migrar hacia las urbes del país.

Para los y las mayores de Lepanto, la pesca de arrastre e industrial ha sido el factor histórico que ha propiciado el declive de las artes y saberes del mar. Además, de la falta de acompañamiento al sector artesanal en los procesos de regulación. Todo esto le ha pasado factura al mar y a las comunidades, pero las memorias de ese pasado todavía hablan y resisten las nuevas mareas.

Un mercado sin ganancias

Caminando por Lepanto, nos podemos percatar que las casas, restaurantes y parques, tienen decoraciones alusivas al mar, pero las personas sostienen que no existe trabajo en esto, que es una cosa del pasado. Las nuevas generaciones no se vinculan con los quehaceres del mar, pero sus miradas siguen en la costa.

Para muchos de los y las habitantes de Lepanto, la pesca industrial significó la ruptura sobre las cotidianidades que se tenían y con el paso de los años, el recuerdo de los abuelos pescando es lo que queda. Ese es el caso de Erasmo Casanova, habitante de Barrio Macondo, quién nos explicaba que el contexto del oficio pesquero artesanal es una labor precaria y de pronto acabar.

Las prácticas de antes se perdieron y los peces se van a acabar; ya uno no puede competir con los grandes, esto no deja nada…” comentó.

Esta problemática es una de las consecuencias desencadenadas por el abandono del apoyo estatal y las políticas de pesca de arrastre de camarón, en la última década del siglo XX. Las afectaciones repercutieron tanto en la biodiversidad marina y la capacidad de carga sobre la pesca, pero también en las dinámicas sociales de las comunidades que, de manera artesanal y sostenible, hacen uso de los recursos.

Los retos por atender en nuestras costas

A Costa Rica todavía le queda camino que recorrer en materia de conservación, específicamente en la atención a sus recursos marino-costeros. Con los beneficios y desafíos de dos costas en el Océano Pacífico y el Mar Caribe, Costa Rica es rica en recursos marinos que pueden impulsar el crecimiento económico y la prosperidad compartida, pero esta ha sido comprometida en épocas pasadas, sin evaluar los impactos sociales y biológicos.

Uno de los caminos que se ha emprendido estos últimos años, ha sido el impulso y fortalecimiento del apoyo a las familias de pescadores, las comunidades, así como los esfuerzos para administrar los ecosistemas marinos en estado crítico para restablecer las poblaciones de peces en los ecosistemas del golfo.

Desde OneSea creemos en los conocimientos de las artes de pesca sostenibles, que las comunidades de esta región han trabajado por siglos. Trabajamos en conjunto con las comunidades costeras para construir políticas basadas en las realidades sociales y la naturaleza, para cubrir tanto las necesidades ecosistémicas del territorio, pero también las identidades y trabajos de las personas que protegen y viven de dichos recursos.

 

 

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