Por Médelyn Molina

 

Tapas de botellas, globos, cordones de pesca, envases plásticos, latas, hules y vidrio, son algunos de los desechos que amenazan diariamente la vida tanto de peces, mamíferos, reptiles, aves marinas como plancton y otros microorganismos costeros.

El mayor componente de estos desechos es el plástico, que representa más de las tres cuartas partes de los residuos, especialmente macro plásticos que llegan al mar a raíz de fuentes terrestres como construcciones, artículos domésticos, turismo y envases.

De acuerdo al informe sobre lagunas de conocimiento en la gestión de desechos marinos de United Nations Environmet Programme (UNEP), estos macro plásticos repercuten negativamente en especies migratorias, que se ven enredadas entre residuos o ingieren trozos de ellos.

Sólo en el Océano Pacífico, la cantidad de residuos plásticos cubre un área que representa casi dos veces el tamaño de Estados Unidos, provenientes de embarcaciones, contaminación terrestre y partículas petroleras.

Las cuerdas y redes de pesca, catalogados como micro basura, presentan un mayor riesgo de atorarse en animales del mar y se estima que simboliza el 10% de los desechos marinos del mundo.

El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Amiente (PNUMA) del año 2016, explica que las partículas plásticas poseen propiedades similares a las grasas naturales que actúan como micro esponjas y si un animal las ingiere, aumenta el riesgo de que sean absorbidos por su tejido.

 

La ingesta de plástico por parte de las tortugas, bloquea sus intestinos hasta provocarles la muerte por inanición, una debilidad física extrema a causa de la falta de alimento.

Al mismo tiempo, en el estómago de las aves marinas, se van acumulando desechos plásticos que evitan la reserva de grasas necesarias para cruzar el océano, lo que minimiza su supervivencia en periodos migratorios.

Estas sustancias tóxicas ingeridas por la fauna marina no sólo dañan su salud sino que puede llegar a tener repercusiones en diferentes niveles de la cadena alimenticia, pues se ha demostrado que orcas y osos polares tienen altos índices de contaminantes que degeneran su capacidad de reproducción.

Dado a que esas toxinas en la cadena alimentaria pueden llegar a afectar la diversidad biológica de los animales marinos, aumenta el riesgo de perjudicar también la salud humana, por lo que la prevención es un factor clave para preservar la vida marina y la nuestra.